Warren Buffett “Si tuviera más tiempo, invertiría más en casas o apartamentos para arrendar”.

Warren Buffett “Si tuviera más tiempo, invertiría más en casas o apartamentos para arrendar”.

ABC para el inversionista

Les cuento estas historias para ilustrar ciertos fundamentos de la inversión:

  • No es necesario ser un experto para lograr un retorno de inversión satisfactorio. Pero si no lo eres, necesitas reconocer tus limitaciones y seguir un curso probado que funcione razonablemente bien. Mantén las cosas simples y no te vayas a los extremos. Cuando te prometan ganancias rápidas, responde con un rápido “no”.
  • Enfócate en la productividad futura del activo que estás considerando. Si no te sientes cómodo haciendo una estimación aproximada de los ingresos futuros del activo, simplemente olvídalo y sigue adelante. Nadie tiene la capacidad de evaluar todas las posibilidades de inversión. Pero la omnisciencia no es necesaria, sólo es necesario comprender las acciones que tú emprendes.
  • Si en vez de eso te enfocas en el cambio de precio proyectado de una compra prevista, estás especulando. No hay nada incorrecto en ello. Pero yo sé que soy incapaz de especular exitosamente, y soy escéptico de los que afirman tener un éxito sostenido haciéndolo. La mitad de los que arrojan una moneda ganarán la primera vez, ninguno de esos ganadores tiene una expectativa de ganancia si sigue jugando el juego. Y el hecho de que un determinado activo se haya apreciado en el pasado reciente no es una razón para comprarlo.
  • Con mis dos pequeñas inversiones, sólo pensé en lo que las propiedades podrían producir y no me importaron en absoluto sus valoraciones diarias. Los juegos son ganados por los jugadores que se enfocan en el campo de juego; no por aquellos cuyos ojos están pegados al marcador. Si puedes disfrutar de los sábados y domingos sin mirar los precios de las acciones, intenta hacerlo en los días laborales.
  • Formar opiniones a nivel macro o escuchar predicciones de mercado o de nivel macro de los demás es una pérdida de tiempo. De hecho, es peligroso porque puede empañar tu visión de los hechos que son verdaderamente importantes.
  • Mis dos compras fueron hechas en 1986 y 1993. Lo que la economía, las tasas de interés, o el mercado de valores harían en los años inmediatamente posteriores -1987 y 1994- no era de ninguna importancia para mí al determinar el éxito de esas inversiones. No puedo recordar lo que los titulares o los expertos estaban diciendo en ese momento. Cualquiera que fuera el discurso, el maíz seguiría creciendo en Nebraska y los estudiantes seguirían acudiendo a la NYU.

Hay una gran diferencia entre mis dos pequeñas inversiones y una inversión en acciones. Las acciones ofrecen valoraciones minuto a minuto de tus participaciones.

Recomendaciones para no profesionales

Es de vital importancia, sin embargo, que reconozcamos el perímetro de nuestro “círculo de competencias” y permanezcamos dentro de él. Incluso entonces, cometeremos algunos errores, tanto con las acciones como con las empresas. Pero no serán los desastres que se producen, por ejemplo, cuando un mercado con un prolongado ascenso induce el aumento de compras basadas en el comportamiento esperado de un precio y el deseo de estar donde está la acción.

Por supuesto, la mayoría de los inversores no han hecho del estudio de las perspectivas de negocio una prioridad en sus vidas. Si son sabios, concluirán que no saben lo suficiente sobre las empresas específicas como para predecir su futuro potencial de ganancias.

Tengo una buena noticia para estas personas no profesionales: el inversor promedio no necesita esta habilidad . En conjunto, las empresas estadounidenses se han desempeñado maravillosamente bien a través del tiempo y seguirán haciéndolo (aunque, con toda seguridad, con altas y bajas impredecibles). En el siglo 20, el índice industrial Dow Jones avanzó de 66 a 11,497 puntos, pagando un flujo ascendente de dividendos además.

El siglo 21 será testigo de más ganancias, que casi seguramente serán sustanciales. El objetivo de los no profesionales no debe ser elegir a los ganadores -ni él ni sus “ayudantes” pueden hacerlo- sino más bien ser dueños de una muestra representativa de las empresas que en conjunto están destinadas a tener un buen desempeño. Un fondo de bajo costo que siga al índice S&P 500 alcanzará este objetivo.

Ése es el “qué” de la inversión para el no profesional. El “cuándo” también es importante. El principal peligro es que el inversionista tímido o principiante entre al mercado en un momento de exuberancia extrema y luego se desilusione cuando se produzcan pérdidas en papel. (Recuerda la observación del fallecido Barton Biggs: “Un mercado alcista es como el sexo: se siente mejor justo antes de terminar”).

El antídoto para ese tipo de destiempo es que un inversor acumule acciones durante un largo periodo y nunca venda cuando las noticias sean malas y las acciones estén muy lejos de sus máximos históricos. Al seguir estas normas, es prácticamente seguro que el inversor “inexperimentado” que diversifica y mantiene sus costos al mínimo obtendrá resultados satisfactorios. De hecho, el inversor sofisticado que es realista acerca de sus deficiencias probablemente obtenga mejores resultados a largo plazo que el profesional bien informado que está ciego incluso a una sola debilidad.

Si los “inversionistas” compraran y vendieran tierras agrícolas frenéticamente entre sí, no aumentaría ni el rendimiento ni el precio de sus cosechas. La única consecuencia de esa conducta sería una disminución en los ingresos totales obtenidos por la población propietaria de granjas debido a los costos sustanciales en que incurrirían a medida que buscan asesoría e intercambian propiedades.

Sin embargo, los individuos y las instituciones constantemente serán instados a estar activos por aquellos que se benefician de dar consejos o efectuar transacciones. Los costos de fricción resultantes pueden ser enormes y, para los inversores en su conjunto, carentes de beneficio. Así que, ignora la charla, mantén tus costos al mínimo, e invierte en acciones como lo harías en una granja.

Y ahora, de vuelta a Ben Graham. Yo aprendí la mayoría de las ideas en esta discusión del libro de Ben The Intelligent Investor, que compré en 1949. Mi vida financiera cambió con esa compra.

Antes de leer el libro de Ben, había vagado mucho por el panorama de la inversión, devorando todo lo escrito sobre el tema. Gran parte de lo que había leído me fascinaba: probé mi suerte al utilizar gráficos para predecir los movimientos de las acciones. Me senté en las oficinas de corretaje para ver las operaciones, y escuché a los comentaristas. Todo esto fue divertido, pero no pude evitar la sensación de que no estaba llegando a ningún lado.

Por el contrario, las ideas de Ben eran explicadas lógicamente en una prosa elegante y fácil de entender (sin letras griegas o fórmulas complicadas). Para mí, los puntos clave fueron presentados en lo que las ediciones posteriores nombraron como capítulos 8 y 20. Estos puntos guían mis decisiones de inversión hasta ahora.

El precio es lo que se paga, el valor es lo que obtienes. De todas las inversiones que he hecho, comprar el libro de Ben fue la mejor (con la excepción de la compra de mis dos licencias de matrimonio).

Warren Buffett es el presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway. Este ensayo es un extracto editado de su carta anual a los accionistas.

FUENTE

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